Red Iberoamericana de MEntoría

La mitad de los centros educativos no pueden garantizar la formación online



La llegada de la pandemia provocada por la Covid-19 ha traído consigo múltiples cambios en la vida social, personal, laboral y escolar. La digitalización ha sido una de las principales consecuencias, motivando un incremento notable de las horas de uso de dispositivos electrónicos. El teletrabajo y la formación online se convirtieron en la tónica general pero, ¿estaban los centros escolares realmente preparados para ello?

Según se desprende del informe ‘Sociedad Digital en España 2020-2021’ realizado por la Fundación Telefónica y presentado hace unos días, la respuesta a esta pregunta es más bien negativa, como demuestra el dato de que la mitad de los centros escolares no dispone de una plataforma educativa en línea eficaz para garantizar la teleeducación de sus alumnos. “Esto ha dificultado la formación del alumnado al no contar con los recursos suficientes para garantizar un aprendizaje completo”, señala. En este sentido, en comunidades como Aragón y Asturias, menos de un 40% de los centros cuenta con esta solución tecnológica, según datos extraídos del informe. 

Clase online

A este problema hay que sumarle la falta de formación digital de parte del personal docente: solamente un 55% dispone de recursos profesionales para aprender a utilizar los dispositivos electrónicos. Según el informe, esta cifra evidencia la necesidad de apostar por una formación eficaz en cuestiones tecnológicas tanto para el alumnado como para el profesorado. Además, recalca que la brecha digital se ha presentado como una ‘brecha educativa’, al dejar fuera del sistema de aprendizaje online a aquellos alumnos que no cuentan con los recursos necesarios.


Brecha económica: otra dificultad educativa

Otro de los puntos que destaca este informe es que el acceso a Internet y los medios para adaptarse a la formación online están vinculados con las desigualdades económicas. Según se apunta, esto trae consigo que los estudiantes que no cuentan con ordenadores propios o conexión a la red queden excluidos. Otro factor que pone de relevancia es la importancia de disponer de un espacio tranquilo para poder seguir las clases online o estudiar desde casa: el alumnado procedente de familias con rentas más bajas tienen mayores dificultades para seguir la formación online, sobre todo aquellos con un ambiente familiar estresante. 

“Algunas de las medidas que los docentes tuvieron que llevar a cabo para paliar esta desigualdad fue recurrir a dispositivos de telefonía móvil para compartir las tareas, evaluar ejercicios o comunicarse con aquellos estudiantes que no disponían de recursos para la teleeducación”, afirma el informe.   

Contenido digital en la educación: asignatura pendiente

A pesar de los esfuerzos en los últimos años para digitalizar los centros escolares y sus contenidos, sigue existiendo a día de hoy un déficit que se ha revelado con la pandemia, según el estudio. Así, solo un 10% de los países del mundo disponen de contenido educativo accesible digitalmente fuera del aula y la irrupción de la Covid-19 puso en evidencia la falta de políticas educativas específicas que garanticen la formación digital. 

Otra de las evidencias claras que ha dejado la pandemia es la necesidad de transformar la educación del futuro hacia un modelo disruptivo para evitar que situaciones como la actual hagan tambalear de nuevo el sistema. Según el informe, es necesario apostar por una pedagogía digital en la que los contenidos rompan las barreras espacio/tiempo. Es decir, contar con recursos y plataformas que garanticen el intercambio de contenidos y la comunicación eficaz entre los distintos actores que conforman la comunidad educativa. 

El informe también recoge datos procedentes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) relacionados con la educación en el futuro. Esta ha definido cuatro supuestos escenarios para la educación. El primero de ellos hace referencia a la ‘escolarización extendida’, en el que el sistema apenas se transforma salvo por una pequeña apuesta por la digitalización que aporta más autonomía al alumnado. 

El segundo supuesto, la ‘educación externalizada’, rompe con lo anterior para apostar por aprendizajes diversos en los que la tecnología sea el motor de cambio. En los ‘colegios como conectores de aprendizaje’, afirman que el ecosistema educativo queda abierto para que actores externos como instituciones o actores locales participen. Por último, habla de ‘aprender sobre la marcha’ para hacer referencia a una educación sustentada en la digitalización total que puede llevarse a cabo en cualquier momento y lugar motivando, entre otras cosas, que la figura del docente desaparezca para dar paso a unos individuos productores y consumidores de su propio aprendizaje. 

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