Red Iberoamericana de MEntoría

Aumenta la violencia machista entre los adolescentes, ¿qué podemos hacer?


Una de cada cuatro mujeres en el mundo ha sufrido violencia machista a manos de su pareja o expareja a lo largo de su vida, según las cifras recogidas en un estudio realizado por la revista médica británica ‘The Lancet’. Y destaca de manera preocupante la situación entre las adolescentes y mujeres jóvenes: en el rango de edad comprendido entre los 15 y los 19 años, se estima que el 24% ya la ha experimentado.

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1 de cada 5 jóvenes niega su existencia

No resulta menos alarmante el hecho de que muchos adolescentes nieguen su existencia. Así lo recoge el Barómetro ‘Juventud y Género. Identidades, representaciones y experiencias en una realidad social compleja’ realizado por el Centro Reina Sofía, que destaca entre sus conclusiones que para 1 de cada 5 jóvenes de 15 a 29 años la violencia machista no existe. Sus argumentos sostienen que es un ‘invento ideológico’, que la violencia es inevitable, que es habitual y que, si es de poca intensidad, no supone un problema. 

“Existe un grupo de personas negacionistas de la violencia de género, no solo hombres sino también mujeres, con actitudes misóginas y que desconocen la historia de las mujeres y de los procesos constitucionales y democráticos desde una perspectiva de género”, afirma Isabel Tajauerce, doctora y profesora de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. 

Sin embargo, estas actitudes negacionistas chocan directamente con la realidad: durante el pasado 2021 fueron asesinadas en nuestro país un total de 43 mujeres y, en solo dos meses de 2022, la cifra se eleva a cuatro. Entre ellas, una joven de 17 años que fue asesinada en Totana (Murcia) por su ex pareja sentimental de 19 años. 

¿Cuáles pueden ser los motivos de este aumento de violencia entre los adolescentes? Según la maestra especialista en Pedagogía Terapéutica, Asunción Martínez Duarte, “se debe a la influencia familiar, la inseguridad mal gestionada (estilo de comunicación agresiva) y el consumo de pornografía”.

La educación, clave para prevenir y concienciar

violencia machista

Ante esta problemática social, la educación se convierte en una de las principales herramientas para prevenir y concienciar desde edades tempranas acerca del grave problema que supone la violencia contra las mujeres. Pero, ¿cómo puede trabajarse desde las aulas?

Formación del profesorado

Para Tajahuerce, contar con un profesorado bien formado en materias de género es crucial a la hora de poder educar correctamente al alumnado. Cree que es necesario introducir materias de género en las universidades, para los futuros docentes, así como formar a los que ya están en activo. “Sin formación no se puede trabajar sobre violencia de género. No vale con la sensibilidad, hace falta el conocimiento”, destaca. 

Educar las habilidades sociales

Trabajar y educar en el respeto, construir una autoestima fuerte, positiva y desarrollar habilidades sociales basadas en la asertividad son otros de los puntos clave a tener en cuenta para trabajar la violencia de género desde el aula. Martínez Duarte afirma que es importante educar desde edades tempranas, reforzando los comportamientos positivos y valores como la empatía o la autoestima para que el alumnado aprenda a identificar que cuando estos fallan, hay un problema. 

Otro elemento de gran trascendencia es enseñar a decir ‘No’. “Para ello, es posible recurrir a las técnicas asertivas que permiten a las personas mostrar su opinión sin necesidad de sentirse culpables por ello”, manifiesta la especialista en Pedagogía Terapéutica. 

Educación emocional para combatir la violencia

La educación emocional es una de las herramientas con mayor potencial para prevenir la violencia de género y para trabajar en casos detectados, pues son las emociones y los sentimientos los que juegan un papel decisivo en las actitudes, según indican en la Guía de buen trato y prevención de la violencia de género de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Conocer y nombrar diferentes emociones, aprender a identificar los sentimientos propios y de otras personas, trabajar la empatía o entrenar el autocontrol de la agresividad o el miedo son algunos de los puntos presentes en esta Guía; todos ellos necesarios a la hora de abordar la educación emocional en el aula.

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